viernes, 10 de septiembre de 2010

La Luz de la Verdad

IGLESIA PERSEGUIDA

Todos somos testigos de cómo a nuestra Iglesia se le ataca desde y por todos los frentes. Y algunos se preguntarán ingenuamente ¿y es que la Iglesia tiene enemigos? Pues sí, y es inevitable mencionar al principal, me refiero claro está al demonio. Ya en el libro del Génesis lo encontramos tratando de enfrentar a las criaturas con su Creador utilizando todo tipo de argumentos y artimañas, y continuará con esta labor a lo largo de toda la historia, cambiando de contexto, herramientas y falsedades, pero con el mismo objetivo. Él siempre estará detrás de los ataques a la Iglesia, vengan de donde vengan, aunque a veces tan sutilmente que será prácticamente inapreciable para nuestro limitado entendimiento. No obstante, los ataques llevados a cabo abiertamente contra la Iglesia los podemos encontrar ya desde los tiempos de Jesús, y las razones que los originaron siguen siendo las mismas o muy parecidas. Desde que Cristo fundó a su Iglesia, hace más de dos mil años, ha sido combatida, perseguida, y denigrada en todos los tiempos. La maledicencia, la espada y la pluma en cualquier país y en todas las épocas la han cargado contra la iglesia. El hecho de que siga viva constituye un verdadero milagro digno de consideración. En estos días, los enemigos de Cristo han desatado sus iras y ataques contra la Iglesia Católica a nivel universal, la consideran el enemigo a batir. Los primeros en perseguirla fueron algunos grupos judíos, posteriormente la persecución se agravó aún más, bajo el Imperio Romano y a continuación por los llamados pueblos bárbaros, algunos de los cuales habían abrazado las herejías contrarias a las verdades proclamadas por la Iglesia. Sanguinaria fue también la persecución sufrida bajo la dominación islámica, y no podemos olvidar los ataques sufridos por los católicos a manos de grupos fanáticos pertenecientes a la mal llamada reforma protestante: luteranos, calvinistas, anglicanos, entre otros. Durante el siglo XVIII, surge un movimiento filosófico y literario llamado “Ilustración”, cuya característica principal era la extrema confianza en la razón natural para resolver, sin ayuda de Dios, todos los problemas de la vida humana. El hombre ilustrado, deslumbrado por todos los avances de la ciencia, pensó que no había otra realidad que la material; y dejándose impregnar por el materialismo, decidió que debía acabar con la religión, considerándola causante de todos los males de la Humanidad. Uno de los máximos representantes de esta nueva mentalidad fue Voltaire, en cuyos escritos podemos encontrar feroces ataques a la Iglesia y ridiculizaciones de los aspectos sagrados de nuestra religión, denominándola “la infame”.
En 1789 al estallar la Revolución Francesa, se desencadenó una persecución tan cruel como la desatada por el Imperio Romano. Entre los abanderados de esta persecución, cuya intención última era el exterminio de todo lo cristiano y su sustitución por la diosa Razón, estaban los llamados “sans culottes”, los jacobinos, responsables directos de los asesinatos masivos de católicos, de las numerosas destrucciones de iglesias y todo tipo de objetos religiosos. Luego de esta revolución surgen algunos pensadores que predican la “no existencia de Dios” (Feuerbach), la “muerte” de Dios (Nietzsche) y la religión como “el opio de los pueblos” (Marx). A principios del siglo XX, Freud pensaba en Dios como una proyección de la debilidad humana que busca la figura del Padre protector y amenazante; y Sartre percibía a Dios como “una contradicción y una limitación intolerable de la auténtica libertad humana”. Ahora, en épocas actuales, se excusan en el pretexto de los pecados de pederastia de algunos sacerdotes, además de considerarla conspiradora de los gobiernos de turno… ¿Por qué ahora? Los casos de pedofilia (graves, inaceptables y criminales como ha reconocido el Papa), los pedófilos, los niños y jóvenes abusados y los sacerdotes que han incurrido en estas faltas importan muy poco o nada a estos enemigos. Ellos dirigen sus flechas hacia lo alto. El blanco verdadero es destruir al Santo Padre y a la Iglesia, que incomoda a los defensores de la cultura de la muerte (aborto, eutanasia, uniones homosexuales, injusta distribución de la riqueza, exclusión y pare de contar), por su defensa de la vida, de la familia, de la justicia y de la paz. Los enemigos de la Iglesia magnifican estos errores humanos y hasta los colocan por encima de los pecados de políticos, jueces, gobernantes y artistas, cuyas consecuencias han llegado inclusive a desencadenar guerras, persecuciones, muerte y destrucción. Muchos de estos personajes hasta han sido beneficiados con amnistías y sobreseimientos de sus causas por el bien de la paz! Por tanto, queridos hermanos, no es de extrañarse que la Iglesia sea el objetivo de tantos y tan diversos ataques, pero sí debemos prepararnos para repelerlos de la mejor manera posible, eso sí, sin olvidar que nuestros perseguidores y agresores no son sino nuestros propios hermanos, que como decía nuestro Señor Jesucristo: “…No saben lo que hacen”.

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